—No voy a perdonarte hoy.
—Lo sé.
—Tal vez tampoco mañana.
—Lo sé.
—Y no volverás a entrar en mi casa, manejar mis cuentas ni decidir nada de mi vida.
Adriana bajó la cabeza.
—Acepto lo que decidas.
Julián soltó una carcajada nerviosa.
—Qué escena tan conmovedora. Todos olvidan que ella también cometió fraude al copiar un diario privado y repartirlo.
La voz de Renata se volvió firme.
—No falsifiqué firmas. No preparé poderes. No intenté robar 18,000,000 de pesos de un fideicomiso.
Varios invitados giraron hacia Julián.
Mauricio levantó otro documento.
—La empresa de este hombre tiene deudas por 9,400,000 pesos. El dinero de Renata debía cubrir préstamos y ocultar retiros hechos a nombre de inversionistas.
Arturo cerró los ojos, devastado.
—Usaste mi compañía como garantía —murmuró.
—Papá, puedo arreglarlo.
—Deja de llamarme así mientras conviertes a todos en herramientas.
Las sirenas se escucharon afuera. La policía entró acompañada por 2 agentes de investigación financiera. Mauricio entregó las grabaciones y los documentos. Renata mostró los archivos de la computadora. Adriana entregó mensajes donde Julián le pedía detalles del fideicomiso y la amenazaba con publicar fotografías.