—Ya tuviste tu venganza —dijo—. Detén esto.
—No es venganza. Es memoria pública.
Adriana empezó a llorar.
—Hay cosas que no escribí en el diario.
Julián giró hacia ella.
—No empieces.
Esteban avanzó.
—Déjala hablar.
Adriana respiró con dificultad.
—Intenté terminar la relación varias veces. Julián tenía fotografías, mensajes y audios. Me dijo que los enviaría a mi trabajo, a tus tías y a ti. Aseguró que tú le creerías porque lo amabas más de lo que confiabas en mí.
—Eso no borra lo que hiciste —dijo Renata.
—Lo sé. Pero no fue solo una relación.
Julián apretó la mandíbula.
Adriana continuó.
—Él quería tu fideicomiso.
Renata sintió que el salón se inclinaba.
—¿Qué dijiste?
—El patrimonio de tu abuela se libera cuando cumplas 35 o cuando te cases, siempre que presentes un proyecto de inversión familiar. Julián lo supo cuando revisamos el acuerdo prenupcial. Dijo que, después de la boda, te convencería de poner el dinero en su empresa.