—Perdón por no habértelo dicho antes —murmuró Renata.
—Perdón porque tuviste que descubrirlo.
Él dobló las hojas.
—Tu madre siempre necesitó sentirse elegida. Cuando nos divorciamos, dejó que todos creyeran que yo la abandoné por el trabajo. No conté sus mentiras porque no quería obligarlas a escoger entre nosotros.
Renata lo miró.
—¿Qué mentiras?
Esteban tardó en responder.
—Esto no empezó con Julián.
Antes de que pudiera explicar, el salón quedó en silencio.
Adriana acababa de entrar.
A su lado venía Julián.
Juntos.
Renata sintió que aquella imagen dolía más que el diario.
Lucía quiso avanzar, pero Esteban la detuvo.
—Que Renata decida.
Adriana se acercó con las manos entrelazadas.
—Necesitamos hablar en privado.
—Llegaste con él.
—Me trajo porque no podía manejar.
—Claro.
Julián recorrió el salón con la mirada. Muchos invitados levantaron sus teléfonos.