Respiré profundamente.
—Patricia, no quiero perjudicar a mi nieto.
—Entonces no lo hagas. Pero tampoco confundas proteger a tu nieto con financiar indefinidamente los caprichos de sus padres.
Aquellas palabras me hicieron llorar.
Porque era exactamente lo que llevaba años haciendo.
Esa misma tarde llamé a la notaría.
Expliqué que había decidido cancelar la donación.
La secretaria me confirmó que, al no haberse firmado todavía, podía detener el trámite.
Después contacté al banco y solicité cancelar la tarjeta adicional que Diego utilizaba con cargo a mi cuenta.
La ejecutiva me preguntó si estaba segura.
—Completamente.
Me informó que los cargos ya realizados seguirían siendo mi responsabilidad, pero que no podrían hacer nuevas compras con esa tarjeta.
Sentí algo extraño.
No era alegría.
Era alivio.
Por primera vez en mucho tiempo estaba tomando una decisión económica pensando en mí.