Cuando terminé, abrí el cajón donde guardaba mi copia de los documentos de la donación.
Saqué el proyecto de escritura, todavía sin firmar.
Durante meses había imaginado el momento en que entregaría aquel departamento a Diego.
Quería verlo emocionado.
Quería que mi nieto creciera entre las mismas paredes donde yo había pasado tantos domingos con mis padres.
Mi madre preparaba mole los cumpleaños y mi padre se sentaba junto a la ventana a escuchar los partidos de futbol.
Aquella casa guardaba recuerdos que ninguna cantidad de dinero podía comprar.
Y yo había estado a punto de entregársela a dos personas que la veían únicamente como una oportunidad para conseguir un crédito.
Rompí mi copia del proyecto de donación.
Luego guardé las fotografías de los demás documentos y salí del departamento.
A las nueve y catorce de la noche recibí otro mensaje de Diego.