—¡No puedes cobrarnos ahora todo lo que hiciste por nosotros!
—No te estoy cobrando nada, Diego. Lo hice porque te amo. Lo que estoy diciendo es que no voy a seguir haciéndolo.
Se quedó mirándome.
—Renata dice que nunca más vas a ver al bebé.
Tragué saliva.
Aquellas palabras me dolieron más de lo que él podía imaginar.
Pero no iba a permitir que mi amor por aquel pequeño se convirtiera en una herramienta para manipularme.
—Eso será una decisión de ustedes como padres. Yo siempre estaré dispuesta a quererlo. Pero no voy a comprar el derecho de conocerlo.
Diego tomó sus cosas.
Antes de salir, murmuró:
—Ya no te reconozco, mamá.
Lo miré con tristeza.
—Tal vez porque nunca me habías visto decirte que no.
Pensé que lo peor había terminado.
Me equivoqué.
Al día siguiente comenzaron las llamadas de nuestros familiares.