Primero mi hermana Rosa.
—Elena, ¿es verdad que dejaste sin casa a Diego y Renata justo cuando nació el bebé?
—No los he dejado sin casa, Rosa. Siguen viviendo en mi departamento mientras organizan su mudanza.
—Pues Renata está diciendo otra cosa.
Después llamó una prima.
Luego una tía.
Finalmente, una hermana de Renata publicó en Facebook un mensaje larguísimo diciendo que una abuela cruel estaba castigando a un recién nacido porque su madre había pedido privacidad después del parto.
La publicación recibió cientos de comentarios.
Algunos me llamaron monstruo.
Otros dijeron que ninguna persona decente podía tratar así a una mujer recién parida.
Hubo incluso quienes aseguraron que yo había intentado entrar a la fuerza a la habitación y quitarle el bebé de los brazos.
Eso jamás ocurrió.
No publiqué una respuesta inmediatamente.
Me dolía demasiado.