“¡Fuera de aquí, ahora mismo!”, gritó mi nuera cuando intenté acercarme a la cuna de mi primer nieto. Mi hijo me ordenó respetar los límites de su esposa, aunque llevaban tres años viviendo gratis en mi departamento. Solo respondí: “Está bien”. Al regresar a casa, encontré una carpeta que revelaba por qué tenían tanta prisa por recibir mi propiedad…

—No es tan sencillo.

—Sí, hijo. Es exactamente así de sencillo.

Guardamos silencio.

Después me preguntó:

—¿Y dónde vamos a vivir?

—Por ahora, en el departamento. No pienso dejar a un recién nacido en la calle. Pero ya no será indefinidamente, ni gratis. Patricia preparará una propuesta para que acordemos por escrito cuándo me devolverán la vivienda.

Diego levantó la cabeza.

—¿Nos estás corriendo?

—Estoy terminando un acuerdo que ustedes confundieron con una obligación para toda mi vida.

—¡Es tu nieto!

—Mi nieto no tiene ninguna culpa. Por eso les estoy dando tiempo para organizarse. Pero tampoco voy a seguir pagando por decisiones que ustedes tomaron.

Se levantó de golpe.

—Eres una egoísta.

Sentí una punzada en el pecho.

—Quizá. Pero durante tres años fui la egoísta que les prestó una casa, les pagó servicios, les compró muebles y cubrió los gastos del nacimiento de su hijo.

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