Mientras me llevaban al quirófano, Mariana recibió una llamada de Lucía.
La abogada había conseguido una copia de seguridad de los registros electrónicos de la clínica.
Y allí aparecía algo que nadie esperaba.
El primer consentimiento falso había sido creado desde una computadora vinculada a la empresa de Rodrigo.
Pero eso no era todo.
Había un segundo expediente médico, también con mi nombre y mis datos personales, abierto meses antes de nuestro verdadero tratamiento.
Lucía examinó la fecha de creación y quedó inmóvil.
Rodrigo había comenzado a preparar aquellos contratos antes de que yo supiera que volveríamos a intentar embarazarnos.
Y en un archivo adjunto encontró una instrucción enviada al doctor Barragán:
«Necesito que los 3 queden registrados como ajenos a Valeria. Si descubre el negocio, no debe tener manera de impedir las entregas».