espués De Cumplir Una Condena De Prisión Por El Error De Otra Persona, Un Cirujano Se Marchó A La Taiga. Una Noche, Alguien Dejó Un Saco Frente A Su Cabaña. ¡Cuando Lo Abrió, Se Quedó Paralizado De Asombro!

Ella se limpió los ojos.

—Las hice desde el primer día. Pero estabas preso y Octavio dijo que reconocerla sería lo único que la protegería.

No la abracé. Le dije que solicitaría la prueba de paternidad por la vía correspondiente. Con apoyo de mi abogada y autorización judicial, se tomaron muestras para aclarar la filiación de Alma, sin convertir a la niña en una disputa entre adultos.

Doce días después recibí el dictamen: era mi hija. Salí de la oficina con el sobre apretado en la mano. Había perdido sus primeros pasos, su primera palabra y cuatro cumpleaños. No había perdido el derecho a luchar por ella.

Ese mismo día, Octavio llegó al hospital acompañado por un abogado. Traía una copia del acta de nacimiento donde figuraba como padre y exigió llevarse a Alma a una clínica privada, aunque todavía no tenía el alta. Al verme, sonrió con el mismo desprecio del juicio.

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