espués De Cumplir Una Condena De Prisión Por El Error De Otra Persona, Un Cirujano Se Marchó A La Taiga. Una Noche, Alguien Dejó Un Saco Frente A Su Cabaña. ¡Cuando Lo Abrió, Se Quedó Paralizado De Asombro!

PARTE 2

No pude preguntarle más. La niña volvió a cerrar los ojos y su respiración se hizo entrecortada. Cuando aparecieron los faros de don Gaspar, ya estaba en la entrada, sujetándola contra mi pecho.

—¿Es tuya? —me preguntó al ver la pulsera.

—Todavía no lo sé. Maneja hasta el entronque. La ambulancia viene en camino.

Los paramédicos nos interceptaron poco después. Les entregué un resumen de los síntomas y el tiempo aproximado desde que la encontré. La trasladaron hacia Guadalajara, donde había un equipo de cirugía pediátrica de guardia. Yo viajé detrás con Gaspar. Durante el trayecto solo pensaba que aquella niña había salido del mismo hospital donde se fabricaron pruebas para encerrarme.

En urgencias confirmaron una complicación abdominal grave después de una apendicectomía reciente. Necesitaba cirugía, líquidos intravenosos y antibióticos. El cirujano pediatra me escuchó explicar lo que había encontrado, pero no me dejó pasar a quirófano. Lo entendí. Aunque conservaba mis conocimientos, no tenía autorización para ejercer ahí. Por primera vez en años, tuve que confiarle una vida a otras manos.

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