espués De Cumplir Una Condena De Prisión Por El Error De Otra Persona, Un Cirujano Se Marchó A La Taiga. Una Noche, Alguien Dejó Un Saco Frente A Su Cabaña. ¡Cuando Lo Abrió, Se Quedó Paralizado De Asombro!

—No. Alguien cambió un expediente para que pareciera eso. Y ahora una niña casi muere mientras otro expediente decía que estaba bien.

—No tienes idea de lo que significa dirigir un hospital.

—Sé lo que significa mirar a un paciente antes que a tu reputación. Tú decidiste hacer lo contrario.

Guardó silencio. Paula me indicó que nos fuéramos. Las pruebas hablarían en el juzgado.

Pedí que investigaran también mi condena, sin mezclar ambos casos. Que hubiera salvado a Alma no probaba mi inocencia; las nuevas irregularidades en los expedientes sí justificaban revisar cómo se manejaban aquellos documentos.

Mi abogada localizó a Irene, la enfermera que había asistido en la operación de 2021. Yo la recordaba apretando una libreta contra el pecho en el tribunal. Esta vez declaró que Teresa Varela había abandonado el quirófano y que Octavio intervino cuando el paciente ya estaba inestable. Contó también que temió perder su empleo y no poder pagar la casa donde vivían sus hijos. Su miedo explicaba su silencio; no lo volvía inocente.

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