La fiscalía obtuvo además un registro de medicamentos firmado por Teresa en otra sala durante los minutos en que, según la historia clínica usada para condenarme, permanecía junto a mi paciente. Los peritos compararon ambas versiones con las notas de enfermería. Hubo nuevas declaraciones, confrontaciones de documentos y solicitudes judiciales. No apareció una prueba milagrosa. Aparecieron datos que debieron revisarse desde el principio.
Meses después, Octavio fue separado de su cargo. Él y Teresa enfrentaron investigaciones médicas y penales; Ernesto también tuvo que responder por el abandono. Nadie salió esposado del hospital aquel día. Las medidas cautelares llegaron después de audiencias y peritajes.
Alma sobrevivió, pero le aterraban las camionetas oscuras. Una psicóloga comenzó a atenderla. Lucía la acompañaba y yo participaba cuando lo consideraban conveniente. Nos pidieron no interrogarla ni obligarla a llamar papá a nadie.