Dejé la cámara enfocando la lata y, durante la cena, le dije a Daniel dónde la había puesto.
—¿En una lata? —preguntó.
—¿A quién se le ocurriría buscar tanto dinero entre el café y el arroz?
Daniel no respondió. Al rato se encerró en el baño con su celular.
La mañana del viernes le dije que tenía una visita con clientes y salí a la hora de siempre. En realidad me reuní con Karla cerca del edificio. Los investigadores conocían el plan y tenían los videos y la denuncia.
A las doce y siete recibí una alerta.
Doña Ofelia entró con su copia de la llave y una bolsa deportiva. Fue a la cocina y revisó los gabinetes.
Cuando encontró la lata de café, sonrió.
—Aquí estás, condenada —murmuró.
Sacó los fajos, los metió a su bolsa y llamó por teléfono.