Encontré a mi suegra saliendo de mi departamento con una bolsa llena de mis 470,000 pesos. Cuando le exigí una explicación, contestó: “Mi hijo dijo que podía tomar lo que quisiera”. No intenté quitarle la bolsa ni levantar la voz. Sólo le pregunté si estaba segura de eso, porque mi celular había grabado una conversación que podía cambiarlo todo.

PARTE 2

Al día siguiente fui al banco.

El ejecutivo confirmó que el dinero había sido retirado con una tarjeta física y el NIP correcto. Entonces recordé algo que me heló la sangre: meses atrás le había dado a Daniel mi clave para una emergencia, y guardaba una tarjeta adicional en el cajón de mi escritorio.

Cuando regresé a casa, aquella tarjeta ya no estaba.

La bloqueé inmediatamente y cambié mis contraseñas.

No quise enfrentar a Daniel todavía. Si estaba equivocada, podía destruir mi matrimonio por una sospecha. Pero si tenía razón, necesitaba pruebas.

Compré dos pequeñas cámaras de seguridad y las instalé en la sala y el pasillo. Desde mi celular podía revisar lo que sucedía mientras estaba trabajando.

Tres días después recibí la primera alerta.

Ofelia había entrado al departamento a la una de la tarde.

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *