Encontré a mi suegra saliendo de mi departamento con una bolsa llena de mis 470,000 pesos. Cuando le exigí una explicación, contestó: “Mi hijo dijo que podía tomar lo que quisiera”. No intenté quitarle la bolsa ni levantar la voz. Sólo le pregunté si estaba segura de eso, porque mi celular había grabado una conversación que podía cambiarlo todo.

—¿Cuándo?

—En cuanto me di cuenta.

Se sentó en la cama con la cabeza entre las manos.

Esa noche llamó a su madre desde el balcón. Aunque no distinguí todas sus palabras, escuché una frase que terminó de abrirme los ojos:

—Te dije que no se pasaran, mamá.

Al día siguiente Daniel me hizo una propuesta indignante.

—Después de esto, deberíamos guardar nuestros ahorros en casa de mi mamá. Ahí nadie se imaginaría que hay dinero.

Casi solté una carcajada.

—Tal vez tengas razón —contesté—. Hoy voy al banco a sacar los 470 mil que me quedan. No quiero dejarlos en la cuenta que pudieron revisar.

Esta vez sí retiré el dinero. Karla me advirtió del riesgo, pero acordamos avisar a los investigadores antes de que Ofelia regresara. Registré los fajos, coloqué un localizador entre ellos y guardé los 470,000 pesos en una lata grande de café.

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *