—¡No me vas a acusar de ladrona! ¡Mi hijo me dijo que podía llevarme lo que quisiera de tu departamento!
Por fin lo había dicho. Sin inventar excusas, sin hablar de regalos ni de objetos olvidados.
—Entonces Daniel te dio permiso para robarme —respondí.
—No es robo si mi hijo me lo autorizó.
—Mi dinero no le pertenece a Daniel. Y aunque le perteneciera, no puedes entrar a escondidas y llevártelo. Él no tiene derecho a regalar lo que es mío.
Ofelia abrió la boca para insultarme, pero en ese momento llegaron los agentes. Les mostré la grabación donde se veía que había sacado los fajos de mi lata. Resguardaron la bolsa como evidencia. Dentro encontraron, además de mis 470,000 pesos, un anillo de topacio idéntico al mío, varios relojes, joyas, tarjetas bancarias ajenas y una libreta con direcciones y horarios.