—Clemente, todavía te debo doce mil pesos. Primero arreglemos ese pendiente y luego seguimos hablando.
El plomero mantuvo la mirada firme.
—Lo que usted me debe no cambia lo que encontré.
A petición de Cristina redactó una aclaración por escrito, incluyendo ambas órdenes, las fotografías y la recomendación aplazada. Lourdes le ayudó a revisar que estuvieran todas las fechas.
Cristina sujetó las copias como si todavía temiera que alguien se las arrebatara.
—Quiero que me devuelva mi depósito y retire los otros diez mil pesos que me exige —dijo—. No voy a firmar que dañé una tubería que ya estaba mal antes de que yo llegara.
Por primera vez, mi esposa no tuvo una respuesta inmediata.
Salimos sin llegar a un acuerdo.
En el coche, Beatriz se quedó mirando al frente. Al llegar a casa arrojó su carpeta sobre la mesa.
—Me hiciste quedar como una ladrona delante de todos.