—No dije que robaste. Pedí que se explicara una cuenta.
—¡Me costó cuarenta y ocho mil pesos arreglar ese mugrero!
—Y veinte mil fueron para pintar lugares que tú quisiste renovar. Los otros gastos vienen de una tubería que sabías que necesitaba cambiarse.
Se quitó los lentes con brusquedad.
—¿Ahora resulta que vas a creerle a una desconocida antes que a tu esposa?
La pregunta me dolió porque sabía que no hablaba solo del departamento. Hablaba de nuestras costumbres, de nuestros desayunos juntos, de los treinta y siete años que llevábamos compartiendo una cama.
—No es cuestión de creerle a ella —respondí—. Es cuestión de leer lo que tú misma autorizaste en 2023.
Beatriz abrió un cajón, sacó la propuesta inicial y escribió algo al margen.
—Está bien. Le regreso sus diez mil pesos. Pero que firme que hubo daños y que con eso queda todo cerrado.