Mi esposa señaló las fotografías de la pared.
—¡Pero miren cómo quedó! ¡Alguien debió avisar a tiempo!
Cristina abrió su carpeta y puso delante los mensajes de julio. Beatriz los leyó con los labios apretados. La primera fotografía había sido enviada semanas antes de terminar el contrato.
—Usted me dijo que esperara a su plomero —recordó Cristina—. Yo esperé porque era su departamento. ¿Qué más se suponía que hiciera?
Beatriz no respondió.
Clemente desglosó después la factura. Los dieciocho mil pesos correspondían a reparar la tubería; diez mil, a cerrar y terminar el muro de la cocina. Los otros veinte mil eran para pintar sala y pasillo a petición de la propietaria. Allí no había habido fuga.
—Yo cobré trabajos reales —aclaró—. Mi factura nunca dice que los provocó la señora Cristina.
Entonces Beatriz hizo algo que me avergonzó más que sus gritos.