Él me ayudaba a entender las herramientas y las normas de seguridad.
—Usted tiene paciencia y yo tengo experiencia —decía—. Podríamos hacer un buen equipo.
Poco a poco recuperé algo que había perdido sin darme cuenta: la confianza en mí misma.
Pero Jacinto no soportaba enterarse de mis avances.
Comenzó a decir por el barrio que yo terminaría incendiando nuestra casa.
Rubén también empezó a hablar mal de mí.
Y mi hija insistía en que abandonara el curso.
—Mamá, estás haciendo el ridículo. Papá dice que todavía pueden reconciliarse.
La verdadera traición llegó el día de su cumpleaños.
Fui a llevarle un pastel y entré a su departamento sin hacer ruido. Sofía me abrió la puerta.
Desde la cocina escuché a Adriana hablando por teléfono.
—Papá, ten paciencia. Mamá todavía cree que puede convertirse en electricista. Rubén ya está preparando una queja para impedirle trabajar. En cuanto se quede sin dinero, te va a buscar.