El sábado que mi marido me abandonó por su amante, arrancó hasta el timbre de nuestra casa. “Todo esto lo instalé yo, así que me lo llevo”, gritó delante de los vecinos. Después de 39 años juntos, no le supliqué que volviera. A mis 61 años tomé una decisión que lo hizo reír, hasta que su nueva pareja necesitó ayuda urgentemente.

Por primera vez desde que la conocía, vi a Norma mirar a mi esposo sin admiración.

Se quitó el delantal, caminó hasta una habitación y regresó con una bolsa de ropa.

La dejó a sus pies.

—Llévate tus cosas.

Jacinto abrió los ojos.

—¿Cómo?

—No quiero que sigas viviendo aquí.

—¡Pero si yo te ayudé con este negocio!

Norma señaló el contacto quemado.

—Esa es precisamente la ayuda que ya no quiero.

Jacinto intentó discutir, pero ella abrió la puerta.

—Y no vuelvas a tocar mi instalación eléctrica.

Me acerqué a la pared y le mostré a Norma la tapa con el pequeño sol.

—Esta sí me la voy a llevar. Es un recuerdo de mi nieto.

Norma asintió.

Guardé la tapa antigua en mi caja, ya sustituida por una nueva y segura.

Jacinto salió detrás de mí con su bolsa.

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