—Ese contacto era mío —dije.
Jacinto miró la pared y no respondió.
Norma frunció el ceño.
—¿De qué está hablando?
—Mi nieto pegó ese sol cuando era pequeño. Jacinto se llevó el contacto de mi cocina el día que me abandonó.
Norma se volvió hacia él.
—¿Me trajiste cosas usadas de la casa de tu esposa?
—No tiene nada de malo. Yo las había instalado.
—¡Me dijiste que habías comprado material nuevo!
El silencio se hizo pesado.
Continuamos la reparación después de explicarle el presupuesto.
No fue cuestión de cambiar un simple contacto. Hubo que reemplazar componentes dañados y corregir conexiones peligrosas antes de restablecer el servicio.
Cuando todo quedó revisado, los congeladores volvieron a encender.
Norma apoyó ambas manos sobre una mesa.
Parecía aliviada.
Le entregué el desglose del trabajo, los materiales utilizados y el comprobante correspondiente.
Pagó sin discutir.