Al regresar, pedí los comprobantes bancarios.
Rogelio se negó.
También descubrí que humillaba constantemente a Karen, una auxiliar contable que criaba sola a su hijo de ocho años.
Un día le arrojó varios documentos al suelo delante de todos.
—¡Ni para sumar sirves! ¡Deberías agradecer que todavía tienes empleo!
Me agaché para ayudarla.
—No merece que la traten así —le dije.
Karen me miró con los ojos húmedos.
—Usted es la primera persona que me defiende aquí.
Mientras investigaba otros pagos sospechosos, encontré una referencia a la compra de mi departamento dentro del expediente patrimonial de la empresa.
Pedí los documentos completos.
Rogelio se puso furioso.
Al día siguiente comenzaron los rumores.
Que yo perseguía a Arturo por su dinero. Que me había presentado en su fábrica para recuperar una propiedad que legalmente ya no era mía.
Rogelio incluso convenció a Arturo de que yo tenía malas intenciones.