—No tengo esa cantidad en efectivo.
—Entonces presenta una propuesta realista —intervine—. Pero deja de decir que fue un regalo. Firmaste un pagaré porque estabas dispuesto a pagarlo.
—Mi madre dejó esta propiedad para Iván. Mariana no tiene derecho a llevársela.
—No he venido a quitarle la casa a nadie —respondí—. Pero pagué parte de la cocina, dos baños y la instalación eléctrica. Tengo comprobantes. Y tú lo sabes porque estuviste aquí cuando llegaron los trabajadores.
—Y falta mi préstamo de noventa y seis mil pesos —añadí.
—Lo gasté en la máquina.
Le mostré la constancia del proveedor.
—La venta se canceló una semana antes de que me pidieras dinero. No sé en qué lo gastaste. Voy a reclamarlo.
—A mí me dijiste que ese dinero venía de una venta de refacciones.
Solicité mi identificación, el certificado de nacimiento del hospital, la pañalera y la caja de cartas de mamá. Silvia trajo sólo la identificación. Acordamos por escrito que entregarían el resto; entonces Iván fue a buscarlo. La caja estaba escondida encima de un ropero. Revisé cada carta antes de salir y guardé una junto a mi pecho.