—Los juicios no sirven de nada si usted se desmaya en una oficina —me dijo.
Después revisamos los mensajes. El de Iván sobre su salario mínimo era importante, pero no bastaba para demostrar cuánto ganaba realmente. Yo sabía que muchos clientes pagaban mediante transferencias personales; necesitábamos obtener información por los medios legales, no entrar a escondidas en sus cuentas.
—Quiero trabajar en esto —les dije—. No quiero que papá haga todo mientras yo espero.
Tomás me pidió una cronología y Alicia un inventario de los gastos de remodelación. Armé ambas cosas esa tarde. Separé los ciento ochenta y cuatro mil pesos de pagos comprobables hechos directamente desde mi cuenta para reparaciones no indispensables. También localicé el correo en el que Iván aceptaba devolver los noventa y seis mil pesos de la máquina.
Entonces vi algo que me revolvió el estómago: el proveedor de aquella máquina había cancelado la cotización una semana antes de mi transferencia. Iván lo sabía. Nunca había tenido intención de comprarla.