Por primera vez en meses, en lugar de dedicar la siesta de mi hija a las tareas domésticas, me senté a terminar mis cuentas.
Daniel llegó a las siete y media.
—¿Qué hay de cenar?
—Quedó sopa de ayer.
—¿Otra vez? ¿Estás haciendo esto para molestarme?
—Estoy haciendo lo que tú dijiste: ocuparme de mis propias necesidades.
Su rostro se endureció.
—No empieces con tus jueguitos.
Puse una hoja frente a él.
—Antes de discutir, lee esto.
Daniel tomó el papel con evidente fastidio.
Había escrito un presupuesto mensual aproximado:
Cuidado infantil durante jornadas completas: $18,000.
Preparación de comidas: $7,000.
Limpieza doméstica: $5,000.
Lavado y planchado: $3,000.
Compras, citas médicas y administración del hogar: $3,500.
TOTAL MENSUAL ESTIMADO: $36,500 PESOS.
Daniel abrió los ojos.
—¿Treinta y seis mil quinientos? ¡Estás loca!
—Es una comparación de costos, Daniel. No una deuda que tengas que pagarme.