A veces pienso que, si aquella noche hubiera guardado silencio, quizá seguiríamos juntos, pero yo habría continuado sintiéndome sola.
Por eso nunca me arrepentiré de haberle presentado aquella cuenta a mi esposo.
No quería cobrarle por ser madre.
Quería recordarle que yo también era una persona, que mi tiempo tenía valor y que, antes de ser su esposa o la mamá de Sofía, merecía respeto.