—¿Cuál paquete accionario?
—El 69% de la compañía —respondió Alejandro con firmeza—. Representamos a la mayoría absoluta.
Mi esposo se giró hacia mí, fuera de sí.
—¡Tú no puedes vender nuestra empresa!
—Yo no estoy vendiendo tu parte, Ricardo. Estoy gestionando la mía. La junta se convocó conforme a los estatutos. Con mi participación y el respaldo de los demás inversionistas, queda revocado tu cargo como director general.
Alejandro asumió temporalmente la dirección hasta concluir la reorganización. Por primera vez en diez años, vi a mi ex esposo sentado en esa sala, totalmente despojado de poder.
Karla intentó abandonar la habitación con sigilo, pero el director financiero le pidió que se quedara para entregar los accesos a la documentación administrativa bajo su responsabilidad.
—Hemos detectado movimientos inusuales que requerirán una auditoría independiente —explicó Alejandro.
En ese momento, Ricardo comenzó a sudar frío. El abogado Miguel me entregó una copia de los estados de cuenta preliminares. Había pagos recurrentes de automóviles de lujo, joyas y departamentos. Varias transferencias apuntaban directamente a Karla.