Emilia abrió mucho los ojos.
—¿Llamaste a la policía?
Rosa sonrió con tristeza.
—No, cariño. Lo hice disculparse con la lagartija.
Emilia soltó una carcajada limpia y fuerte.
Era la primera vez que pronunciaba la palabra “policía” sin bajar la voz.
La fotografía restaurada volvió a su buró dentro de un marco de madera. Luna recibió una cinta azul nueva que Rosa cosió a mano.
Poco a poco, Emilia dejó de dormir junto a la cama de Valeria. En terapia aprendió a dibujar sus miedos, colocarlos dentro de barcos de papel y soltarlos sobre una fuente del parque.
También aprendió que decir “no” no era una agresión.
Que los adultos podían equivocarse.
Que una abuela no siempre era una persona segura.
Y que su madre regresaría por ella aunque estuviera a cientos de kilómetros.
1 año después, celebraron el cumpleaños número 6 de Emilia en el jardín común del edificio. Hubo globos, pastel de chocolate, una piñata en forma de estrella y una mesa de galletas que Rosa declaró “educativa”.