PARTE 2
Emilia no gritó cuando vio vacía la repisa donde había estado la fotografía de su padre. Tampoco preguntó inmediatamente por Luna. Permaneció en la puerta de su habitación, con la mochila todavía colgada de los hombros, mirando la nota colocada sobre su almohada.
Valeria habría preferido un llanto, una rabieta o incluso que su hija arrojara algo contra el suelo.
En cambio, Emilia susurró:
—La abuela tenía razón.
—¿Sobre qué?
—Sobre que papá ya no puede cuidar mis cosas.
Valeria arrancó la nota de la cama.
—Tu abuela no tiene razón sobre nada de esto.
—Pero Luna se fue.
—La vamos a recuperar.
Emilia bajó la voz aún más.
—¿También se puede recuperar a papá?
Valeria sintió que el aire abandonaba la habitación. Se arrodilló frente a ella, le quitó la mochila y la abrazó.
—A papá no podemos traerlo de vuelta, pero nadie puede quitarnos lo que él nos dio. Ni sus recuerdos, ni su amor, ni esta casa.