Mientras Emilia permanecía con su terapeuta infantil, Valeria revisó la grabación del pasillo. A las 11:18, Amalia apareció usando una llave que debía haber devuelto meses atrás. Fernanda caminaba detrás de ella cargando una bolsa deportiva.
La cámara interior, instalada después de la primera llamada policial, captó sus voces.
—Toma la muñeca —ordenó Amalia—. Es lo que más le duele.
—Esto ya parece demasiado —murmuró Fernanda.
—Cuando Valeria comprenda que puedo entrar cuando quiera, volverá a pagar.
Fernanda retiró la fotografía de Gabriel.
—¿También esto?
—Sí. Tiene que dejar de aferrarse a los muertos y recordar quién sigue aquí.
Valeria guardó 3 copias del video. Después llamó a la administradora del edificio, cambió todas las cerraduras y se comunicó con Jimena Cárdenas, una abogada especializada en asuntos familiares.
Jimena no intentó consolarla con frases vacías.
—Entraron sin autorización, sustrajeron pertenencias y admitieron que querían asustar a una menor para obtener dinero. Esto ya no es una discusión familiar.