Meses después, envió una carta a través de Jimena.
“No espero perdón. Convertí a mi hija en parte de una mentira y ayudé a asustar a Emilia porque era más fácil culparte que admitir que dependía de ti. Estoy aprendiendo a ser la madre que Renata necesita”.
Valeria guardó la carta, pero no se la mostró a Emilia. Una disculpa adulta no debía convertirse en otra carga para una niña.
Amalia fue acusada por uso indebido de identidad, falsificación de documentos, allanamiento, denuncia maliciosa y tentativa de sustracción de una menor. Vendió su casa en Zapopan para cubrir deudas, reparar daños financieros y llegar a un acuerdo en algunas demandas civiles.
Antes de mudarse con una prima en Morelia, dejó una caja frente a la oficina de Jimena.
Dentro había documentos antiguos, joyas sin valor y 19 cartas dirigidas a Valeria por su padre, a quien Amalia siempre había descrito como un hombre que la abandonó sin mirar atrás.