Héctor sintió que la rabia se transformaba en una tristeza limpia y definitiva.
—Entraste en la casa de un viudo, viste el dolor de un niño y decidiste que sus recuerdos eran mercancía.
Los agentes separaron a Rebeca de Adela.
La memoria hallada en la maleta contenía listas de ancianos, propiedades, valores reales y pagos a intermediarios. Junto a algunos nombres aparecía una marca: “Sin hijos cercanos”. Junto al nombre de Héctor había una anotación fechada antes de la boda:
“Acceso al sello después del matrimonio.”
También encontraron mensajes entre Rebeca y Adela previos a la subasta donde él creyó conocerla por casualidad.
“Está solo, tiene prestigio y todavía no entiende cuánto vale su firma.”
“¿Y el niño?”
Rebeca había respondido:
“Cuando sea su esposa, aprenderá a no estorbar.”
Héctor leyó la conversación en la oficina de Natalia. Recordó a Tomás frente a la lavadora, tratando de no molestar dentro de su propia casa.