—Esa es auténtica.
Héctor permaneció inmóvil.
Tomás levantó la mirada desde su plato.
—Entonces Rebeca sabía.
Nadie contestó de inmediato.
Natalia revisó los nombres de las carpetas. Casi todos correspondían a personas mayores que habían perdido recientemente a sus esposos, vivían solas o habían ingresado en residencias asistidas. Legados del Bajío había gestionado la venta de sus muebles, cuadros y joyas.
—Adela sabía exactamente quién estaba aislado —dijo Natalia—. Entraba a sus casas cuando estaban vulnerables, conseguía copias de firmas y reunía información sobre herederos.
Uno de los archivos pertenecía a Consuelo Arriaga, una viuda de 82 años. Según un documento público, había vendido su casa para pagar atención médica. Sin embargo, las copias ocultas en el ropero mostraban que la propiedad había pasado primero a Inversiones RSL.