Natalia buscó el registro mercantil.
La empresa pertenecía a Rebeca.
Había sido constituida 18 días antes de la boda con Héctor.
—No puede ser —susurró él.
Efraín encontró algo más. Los 4 avalúos falsos habían sido utilizados para reducir artificialmente el valor de viviendas, obras religiosas y muebles coloniales. Una pintura atribuida a un taller novohispano fue declarada copia sin valor y vendida a Legados del Bajío por 28,000 pesos. Meses después apareció en una galería privada con un precio superior a 2,000,000.
La credencial y el sello de Héctor habían convertido el robo en una operación aparentemente legítima.
—¿Cómo obtuvieron mi sello? —preguntó.
Natalia lo miró con gravedad.
—¿Quién tenía acceso a tu oficina?
—Rebeca. Adela entró algunas veces. Rosa también limpia ahí.
Rosa Rosales había trabajado en la casa desde la enfermedad de Mariela. Cocinaba para Tomás, conocía sus alergias y había permanecido junto a la familia durante el funeral. Héctor rechazó la idea de que ella estuviera involucrada.