Héctor miró hacia la sala. Tomás dormía en el sofá abrazado a una sudadera de Mariela.
—¿Podrían haber falsificado la firma de mi esposa?
—Es posible, pero no lo asumiría. Voy para allá con alguien que puede comprobarlo.
Natalia llegó poco después de las 8 acompañada por Efraín Barragán, un antiguo perito de la fiscalía convertido en consultor privado. Efraín analizó las fotografías en la mesa del comedor mientras Héctor preparaba huevos para Tomás.
El experto amplió varias firmas.
—Estas 6 pertenecen a supuestos propietarios diferentes, pero fueron construidas con la misma plantilla. Mira esta pausa antes del apellido y esta curva ascendente. Una firma auténtica cambia según la velocidad, el cansancio y la edad. Estas están dibujadas.
Héctor señaló la firma de Rebeca.
—¿Y esa?
Efraín comparó el trazo con una escritura del acta de matrimonio, un contrato bancario y varias tarjetas firmadas por ella.