No destruyó las cartas.
Tampoco permitió que se convirtieran en una puerta de regreso.
La residencia de Zapopan quedó vacía después del proceso judicial. Valeria regresó una tarde con los gemelos en brazos.
La lluvia había desaparecido y el sol iluminaba los mismos escalones donde Rodrigo la había arrojado.
Gabriel caminó a su lado.
—Podemos venderla. El mercado está favorable.
Valeria observó la entrada.
Recordó el escupitajo, la maleta abierta y el llanto de sus hijos bajo el frío. Luego recordó a Teresa buscando durante 35 años, a las madres que dormían fuera de hospitales y a las mujeres expulsadas de sus casas con niños en brazos.
—No la venderemos.
—¿Qué harás con ella?
—Convertirla en un refugio.
Gabriel sonrió.
—¿Para madres?
—Para madres, bebés y familias que necesiten empezar otra vez. Tendrá abogados, médicos, guardería y apoyo para encontrar trabajo.