Su hermano abofeteó a su hija de 2 años y la llamó “monstruo” frente a toda la familia; cuando sus padres exigieron una disculpa, ella abrió una carpeta que podía destruirlos a todos.

—Debí defenderlas en la fiesta —dijo—. No lo hice porque Arturo me ha golpeado antes.

—Lo sé. Tengo una foto del librero.

Mateo bajó la cabeza.

—No fue la única vez.

Le entregó una memoria USB. Contenía fotografías de una muñeca infantil con marcas de dedos y un reporte de un preescolar de Monterrey fechado 8 meses antes. La niña era Lucía, la propia hija de Arturo.

—Una maestra lo vio sujetarla porque lloraba al salir —explicó Mateo—. El colegio avisó al DIF. Beatriz quiso irse, pero Victoria la convenció de guardar silencio.

Laura sintió un frío profundo.

—¿Mis padres lo sabían?

—Todos lo sabían. Carlos pagó a un abogado para que el incidente quedara como un accidente durante el juego.

Esa tarde, Laura llamó a Beatriz.

Al principio, su cuñada negó todo. Después comenzó a llorar.

—Arturo dijo que me quitaría a Lucía si hablaba.

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