—Llámame Margarita hasta que tu corazón decida otra cosa.
Diego abrió los brazos y Nora lo abrazó primero. Después abrazó a Margarita. Regina se metió entre todos.
—Abrazo de familia —ordenó.
Y todos obedecieron.
Laura decidió no vender la casa de doña Amalia. Con ayuda de Elena, Nora y Diego, la convirtió en un pequeño centro de apoyo para madres, niñas y familias que necesitaban asesoría legal, acompañamiento psicológico y un lugar seguro para hablar.
Lo llamaron La Casa de la Caja Azul.
El día de la inauguración, Regina usó un vestido amarillo y sostuvo unas tijeras casi tan grandes como su brazo. Había dibujado 5 figuras bajo un globo dorado: ella, Laura, Nora, Diego y Margarita.
—¿Esta es una casa feliz? —preguntó.
Laura observó las paredes claras, los libros infantiles y el jardín donde la verdad había esperado tantos años.