Su hermano abofeteó a su hija de 2 años y la llamó “monstruo” frente a toda la familia; cuando sus padres exigieron una disculpa, ella abrió una carpeta que podía destruirlos a todos.

—La encontramos. Está viva.

—¿Dónde?

—Más cerca de lo que imaginas. Su nombre adoptivo es Nora Benítez.

Laura dejó caer el teléfono sobre la mesa.

Nora, su mejor amiga desde la universidad, la mujer que cuidaba a Regina, había sido la bebé que su familia escondió.

Cuando Laura se lo contó, Nora leyó los documentos en silencio. Después miró a Regina, que tenía harina en la nariz por haber intentado preparar hot cakes.

—Entonces tu familia horrible terminó devolviéndome a ti —dijo Nora.

Laura comenzó a reír y a llorar al mismo tiempo.

El encuentro con Margarita ocurrió bajo la estatua del ángel. La mujer no intentó abrazarla ni exigirle perdón.

—Tuviste padres buenos —dijo Margarita—. Eso es lo único que me permite respirar. Fuiste amada, aunque yo no fui lo bastante valiente para conservarte.

Nora se acercó despacio.

—No sé cómo llamarte todavía.

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