Semanas después, Victoria envió una carta sin una sola disculpa. Decía que había hecho lo necesario para mantener unida a la familia y que algún día Regina reprocharía a su madre haber expuesto asuntos privados. Dentro del sobre había una llave del ático de Coyoacán y una frase escrita al final: “Ya que insistes en desenterrar a los muertos, llévate todo”.
Laura y Diego subieron al ático. En un baúl encontraron cartas que Victoria había escrito de joven. En ellas confesaba que Carlos la aterraba, que Arturo disfrutaba hacer daño y que Laura había visto demasiado. Una decía: “Hoy le ordenamos que dejara de inventar. No inventaba nada. Yo limpié la sangre y elegí quedarme”.
Laura sostuvo aquella hoja durante mucho tiempo.
—¿Saber que ella entendía todo lo hace mejor o peor? —preguntó Diego.
—Las 2 cosas —respondió—. Fue víctima de Carlos, pero después decidió usar su miedo para sacrificar a otros.