La jueza negó la custodia con carácter definitivo, amplió las órdenes de protección y prohibió a los abuelos y a Arturo acercarse a Laura, Regina, Beatriz o Lucía. Además, envió las pruebas a la Fiscalía por posible fraude, obstrucción, violencia familiar, falsificación y riesgo para menores.
Antes de concluir, miró a Carlos y Victoria.
—Ustedes se presentaron como abuelos respetables mientras planeaban separar a una niña de su madre para controlar dinero. Eso no es protección. Es violencia calculada.
Afuera del juzgado, Diego tomó la mano de Laura.
—Perdón por dejarte sola allí.
—Dejaste una caja.
—Y tú la encontraste.
Las consecuencias llegaron lentamente, pero llegaron. Arturo aceptó un acuerdo de culpabilidad por la agresión, las amenazas y la violación de medidas de protección. Carlos fue procesado por desvíos, falsificación y obstrucción. El doctor Alcántara perdió su licencia y enfrentó cargos por alterar expedientes. Victoria evitó la cárcel al colaborar, pero perdió la fundación familiar, su posición social y el acceso a sus nietas.