—Su hijo me agredió y robó mi dinero.
—Mauricio te dio los mejores años de su vida.
—Vivió en mi casa y utilizó mis cuentas.
—Una esposa comparte.
—Compartir requiere permiso.
—Retira la denuncia.
—No.
—Entonces no llores cuando termines sola.
Valeria colgó.
Horas después, una fotografía suya saliendo del hospital apareció en redes sociales. La publicación decía:
“Una mujer destruye a su esposo porque se negó a ayudar a su cuñada.”
Los comentarios la llamaban egoísta, interesada y mala esposa. Algunos afirmaban que una mujer casada no debía tener bienes separados.
Valeria quiso cerrar sus cuentas y esconderse.
—Eso es exactamente lo que buscan —dijo Sandra—. Quieren que sientas vergüenza y retrocedas.
Lucía guardó capturas de las amenazas. Mónica rastreó la publicación hasta una cuenta vinculada con una amiga de Rebeca.
Al mismo tiempo, un perito revisó la computadora de Valeria y descubrió accesos remotos desde la tableta de Mauricio. Habían descargado identificaciones, estados de cuenta, recibos y copias de la escritura.