—¿Recuerdas el nombre de la notaría? —pregunté.
—No. Patricia dijo que era un trámite para que pudiera representarme si me enfermaba. Fuimos juntos hace meses. Firmé delante de un empleado. Luego me llevó otros documentos al taller. Confiaba en ella.
Con su permiso, anoté sus recuerdos para que pudiera repetirlos ante Mariana cuando se encontrara mejor. Le recomendé pedir copia del poder y revisar el registro de su vivienda. Mi uniforme no me convertía en investigadora, pero podía ayudarlo a ordenar los hechos.
Andrés reparaba maquinaria agrícola y tenía seis empleados. Compró la casa años antes de conocer a Patricia, una contadora que acabó administrándole el taller. Después de una lesión de espalda, delegó cada vez más trámites.
—Me preparaba las pastillas cada mañana —recordó—. Decía que eran vitaminas y algo para dormir mejor. Cuando protestaba porque estaba mareado, se enojaba. Me decía que yo no valoraba sus cuidados.