Era amable, divertido y aparentemente humilde.
Durante nuestro noviazgo jamás presumió su dinero.
Me llevaba a cenar tacos, caminábamos por los parques y hablábamos durante horas sobre nuestros sueños.
Pensé que había encontrado a alguien que me quería por lo que era.
—Mi papá murió hace 3 años —expliqué—. Y me dejó la mayor parte de sus acciones. Desde entonces dirijo el grupo a través de un consejo profesional. Nunca necesité demostrarlo con ropa costosa ni automóviles de lujo.
Alejandro se llevó ambas manos a la cabeza.
—¿Eres millonaria?
—Eso es lo único que te importa, ¿verdad?
No contestó.
Gabriel colocó un documento sobre la mesa.
—Hace 6 meses, Transportes Salinas solicitó financiamiento a una sociedad perteneciente a nuestro grupo. Se aprobaron dos créditos empresariales por un total de 40 millones de pesos, sujetos a condiciones específicas.
Alejandro miró los documentos.
—¡Ustedes eran nuestros prestamistas!