“Pase lo que pase, no vayas antes de las 7”, me rogó mi vecino cuando mi marido llamó diciendo que su madre había sufrido un derrame cerebral. Pasé la noche despierta y llegué al amanecer. Allí descubrí que mi esposo tenía una amante y que ambos querían obligarme a firmar una deuda de 40 millones. No grité; guardé silencio hasta que apareció un hombre que sabía quién era yo realmente.

PARTE 3

El silencio que siguió fue tan profundo que podía escuchar el tic-tac del reloj antiguo junto a la chimenea.

Alejandro miraba a Gabriel como si acabara de perder la razón.

—¿De qué demonios está hablando? —preguntó—. Mariana trabaja como contadora. Lleva años viviendo conmigo. Yo sé perfectamente quién es.

Gabriel no respondió de inmediato.

Me observó, esperando mi autorización.

Respiré profundamente.

Durante 8 años había escondido una parte de mi vida creyendo que así podría encontrar algo verdadero.

Aquella mañana comprendí cuánto me había costado.

—Puedes hablar, Gabriel —dije.

El hombre abrió su portafolio.

—La señora Mariana Del Valle es la accionista mayoritaria y presidenta del consejo de Grupo Empresarial Del Valle, un corporativo mexicano con inversiones inmobiliarias, industriales y financieras.

Beatriz soltó una risa incrédula.

—¡Qué ridiculez! Su padre era un carpintero de Guadalajara.

—Mi padre comenzó siendo carpintero —respondí—. Pero nunca se quedó ahí.

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