Quería demostrarme que podía ser feliz sin él.
Pero jamás sospeché que Patricia conociera a Alejandro y a Beatriz antes de mi matrimonio.
Gabriel me explicó que habían encontrado comunicaciones entre ellos que se remontaban a varios años atrás.
Patricia había proporcionado información personal sobre mí y sobre la empresa de mi padre.
Alejandro había utilizado esos datos para acercarse a mí cuando comencé a trabajar en Monterrey.
Nuestra historia de amor, aparentemente espontánea, había comenzado con una manipulación.
Sentí ganas de vomitar.
—¿Nunca me quiso?
Gabriel no respondió.
No necesitaba hacerlo.
La confrontación con Patricia ocurrió en el despacho de mis abogados, en Guadalajara.
Había aceptado reunirse conmigo convencida de que podríamos resolver nuestras diferencias.
Entró llevando un traje color crema y una bolsa carísima.
Se sentó frente a mí sin siquiera preguntarme cómo estaba.