Gabriel observó el cuadro durante varios minutos.
—¿Por qué ahora hay 3 ventanas encendidas?
Sofía sonrió.
—Porque antes solamente había una persona esperando a alguien. Ahora hay varias personas que quieren volver a encontrarse.
—¿Y por qué no están todos en la misma habitación?
La adolescente pensó su respuesta.
—Porque una familia no se arregla de un día para otro, papá. A veces cada quien necesita su espacio.
Gabriel acarició suavemente su cabello.
—¿Y las luces?
—Las luces siguen encendidas porque todavía existe la esperanza de volver a casa.
Gabriel tomó el cuadro y lo colgó junto a la puerta de entrada.
Quería que todos lo vieran al llegar.
Meses atrás había creído que defender a su hija significaba protegerla de cualquier persona que pudiera lastimarla.
Ahora comprendía que amar también significaba escuchar, reconocer los propios errores y permitir que los demás decidieran.