n millonario ofreció pagarle el doble a una cirujana si le decía a su madre que su hermano había muerto durante una operación. “Por favor, no haga preguntas”, advirtió mientras dejaba un sobre sobre el escritorio. Ella respondió tranquilamente: “No puedo vender una mentira”. Pero la anciana escuchaba detrás de la puerta, y una sola pregunta suya estuvo a punto de destruir el secreto familiar que él había protegido durante 12 años.

—¿De verdad?

—De verdad. Y esta vez quiero escucharte antes de decidir cualquier cosa.

Por otra parte, el conflicto entre los hermanos continuaba.

Mauricio había conseguido documentos antiguos de la empresa familiar que planteaban dudas sobre la transferencia de las participaciones de Gabriel.

La operación se había realizado 12 años atrás, cuando Ricardo lo acusó de retirar dinero sin autorización.

Gabriel recordaba perfectamente aquel día.

Ricardo lo amenazó con denunciarlo penalmente si no firmaba su salida del negocio.

Asustado, sin asesoría independiente y convencido de que nadie le creería, Gabriel firmó.

Después su propia madre le cerró la puerta.

Nunca se demostró judicialmente que hubiera robado el dinero.

Ahora Mauricio le explicó que recuperar sus derechos no sería fácil. Había problemas de antigüedad documental y posibles plazos legales que debían analizarse cuidadosamente.

Pero también existían razones para negociar.

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